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¿Sueñan las muñecas con amantes eléctricos?

En una especie de gran refugio bajo tierra sin ventanas, decenas de vaginas de goma están apiladas en cajas, clasificadas según la forma de los labios. Más allá, hay pechos y pezones, divididos por tamaño y color. Cuerpos desnudos, todos diferentes pero con la misma pose sugerente, cuelgan de cadenas enganchadas a los cuellos sin cabeza. Quizá no es el mejor sitio para quedarse encerrado por la noche, pero es un lugar perfecto para ponerse a hablar del futuro de la humanidad.
(Ver noticia completa en El País. 19/3/2018)

Las palabras hieren

El caso de Mary Beard es paradigmático. Lo seguí hace un año, cuando varios medios, The New Yorker, The Guardian o la BBC se hicieron eco de una conferencia que esta prestigiosa investigadora del mundo clásico, profesora de Cambridge, colaboradora del TLS e infatigable divulgadora de la vida en la Antigua Roma, impartió en el British Museum. Tenía por título Oh Do Shut Up Dear (Venga, cállate, querida) y en ella la autora hacía un prolijo recorrido a través de la historia de cómo los hombres han tratado de callar la voz de las mujeres. De la Odisea a su propia experiencia, porque Mary Beard, una señora de 60 años que lleva casi toda su vida estudiando detalles sorprendentes sobre las sociedades antiguas, se convirtió de pronto en una celebridad televisiva a través de Meet the Romans, un programa divulgativo que le enseñó con sangre cómo nuestra naturaleza no es menos agresiva que la de aquellos viejos imperios que hoy tenemos por más crueles. Su programa provocó un aluvión de críticas insoportable. Lo extraordinario es que esas críticas no se referían al contenido en sí sino a su aspecto físico. Nuestra profesora tiene un aire no diferente al de muchas eruditas entregadas desde su tierna juventud a los asuntos intelectuales: luce una alocada melena blanca, sus dientes son llamativos por su irregularidad, se permite detalles excéntricos en el calzado o las gafas, y, lo que ha resultado más indignante para algunos, muestra un impactante aplomo en su lenguaje corporal. A ella le importa un pimiento no ser bella, pero no así a algunos críticos televisivos que, ignorando las enseñanzas que generosamente pretende difundir, se dedicaron desde el principio a describir la vestimenta poco cool de la sabia dama. Con más crudeza aún se refirió a ella la jauría tuitera, en donde los comentarios sobre su supuesta fealdad abundaron.

Hombres políticos y capital erótico

Nadie ha permanecido inmune al atractivo estético, visual, físico, social y sexual de Varoufakis y de otros dirigentes europeos. En la sociedad de la imagen, fascinan los líderes inteligentes y con desenvoltura mediática.


“Pobre, pero sexy” fue uno de los titulares que circuló repetidamente en los medios internacionales en referencia al flamante ministro de finanzas griego Yanis Varoufakis y el efecto que causó en su visita oficial a Alemania a principios de febrero. Más allá de estar o no de acuerdo con sus planteamientos en la negociación sobre la deuda griega, la prensa alemana no ahorró en elogios para describir su físico (“irradia una masculinidad clásica que uno asocia normalmente a las estatuas griegas”) y su talante carismático a la par que informal. Los elogios continuaron en la prensa de otros países conforme Varoufakis se reunía con los diferentes líderes políticos europeos. Nadie parece haber permanecido inmune al atractivo estético, visual, físico, social y sexual de Varoufakis o, en palabras de la socióloga británica Catherine Hakim, a su capital erótico. Varoufakis no es el único político percibido como sexy y de cuyo atractivo se hacen eco los medios últimamente. De hecho, de acuerdo con éstos, se diría que ahora mismo proliferan los hombres atractivos en política europea, especialmente en el sur del continente: el propio primer ministro griego Alexis Tsipras, el primer ministro italiano Matteo Renzi, el primer ministro francés Manuel Valls; en nuestro país, el secretario general del PSOE Pedro Sánchez, el diputado de IU Alberto Garzón, el líder de Ciudadanos Albert Rivera o el portavoz del PP en el parlamento vasco Borja Semper son algunos ejemplos. En parte puede deberse a un simple relevo generacional que ha permitido la emergencia de caras más jóvenes y frescas. Sin embargo, si aplicamos la teoría de Hakim esta no sería la única explicación. Al hacerlo, surgen además otras preguntas interesantes relacionadas con la distribución del capital erótico entre hombres y mujeres: Pues, ¿es equiparable el número de mujeres políticas de relevancia que trascienden actualmente por su atractivo físico? ¿Acaso hay más renuencia a la hora de describirlas a ellas como sexys? (En otras palabras, ¿cuál hubiera sido la reacción a los titulares sobre Varoufakis si éste hubiera sido mujer?) ¿Por qué lo que parece una ventaja para ellos, no parece serlo tanto para ellas?..

 

El cazador cazado

Tras la campaña de acoso y censura contra Alicia Murillo, Pikara difunde su proyecto contra el acoso callejero ‘El cazador cazado’ es un proyecto que inició Alicia Murillo para denunciar el acoso machista callejero. En resumen, cuando un hombre le dice algo relativo a su físico cuando va por la calle, ella graba con el móvil el diálogo que mantiene con él, y lo cuelga en internet, intercalándolo con sus reflexiones sobre la tan normalizada práctica del “piropeo” y por qué ésta constituye una forma cotidiana de agresión sexista.

Ver noticia completa en: http://www.pikaramagazine.com/2012/09/7109/