NUEVOS 'NEURODERECHOS
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El grupo impulsado por Rafael Yuste desarrolla sus preocupaciones en torno a cinco neuroderechos:
1.- Derecho a la identidad personal. Estos especialistas temen que al conectar los cerebros a computadoras se diluya la identidad de las personas. Cuando los algoritmos ayuden a tomar decisiones, el yo de los individuos puede difuminarse.
2.- Derecho al libre albedrío. Este neuroderecho está muy conectado con el de la identidad personal. Cuando contemos con herramientas externas que interfieran en nuestras decisiones, la capacidad humana para decidir su futuro puede verse en entredicho.
3.- Derecho a la privacidad mental. Las herramientas de neurotecnología que interactúen con los cerebros tendrán capacidad para recopilar todo tipo de información sobre los sujetos en el ámbito más privado que podamos imaginar: sus pensamientos. Los expertos consideran esencial preservar la inviolabilidad de los 'neurodatos' que generan los cerebros humanos.
4.- Derecho al acceso equitativo a las tecnologías de aumentación. Yuste cree que las neurotecnologías traerán innumerables beneficios para los humanos, pero teme que se multipliquen las desigualdades y privilegios de unos pocos, que accedan a estas nuevas capacidades humanas.
5.- Derecho a protección contra sesgos y discriminación. En los últimos años hemos conocido numerosos casos en los que los programas y algoritmos multiplican los prejuicios y sesgos. Este derecho pretende que esos fallos se busquen antes de ponerse en marcha.
(Ver artículo completo en El País. 12/2/2020)
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Silicon Valley y las redes sociales son unos grandes criminales
Markus Gabriel, joven estrella del pensamiento alemán, defiende que solo la filosofía puede salvar de una crisis que ha convertido a los ciudadanos en “proletarios digitales”
Jóvenes globales circulan por los pasillos de la preciosa residencia del centro Internacional de Filosofía de Bonn. Son postdoctorandos de medio mundo que vienen a pensar, bajo la dirección del joven Markus Gabriel, también conocido como la estrella del rock n´roll de la filosofía alemana.
Gabriel (Remagen, Alemania, 1980) es uno de los máximos representantes del llamado Nuevo Realismo, pero es sobre todo un pensador que toca tierra. Que le interesa la dimensión filosófica del fango del día a día. La de la política, las fake news, los gurús digitales y también la de Donald Trump. Porque cree que la filosofía tiene un urgente mandato moral. Que para los pensadores ya no basta con diagnosticar el mundo que les rodea. Tienen que aspirar a cambiarlo. “Como filósofos no tenemos que diagnosticar, tenemos que reparar”, arranca.
El futuro, la asignatura del presente
Ranga Yogeshwar es el divulgador científico más prestigioso de Alemania. Licenciado en física, durante 25 años ha conducido uno de los programas de divulgación más exitosos de la televisión alemana. A lo largo de su trayectoria profesional, ha recibido más de 60 premios, entre los que destacan un doctorado honorario de la Universidad de Wuppertal, la Cruz Federal de Mérito de la RFA, la Orden del Mérito del Estado de Renania del Norte-Westfalia y la Orden de Mérito du Grand-Duché de Luxemburgo. En su libro ‘Próxima estación: futuro’, arroja una mirada optimista respecto a todas las posibilidades que ofrece la tecnología, a la vez que alerta de la necesidad de establecer unas normas éticas que la regulen: “Con la inteligencia artificial, podríamos acabar dándonos cuenta de cuál es nuestro verdadero valor como humanos”, concluye. Yogeshwar, entiende la educación como el vehículo principal para convertirnos en la persona que queremos ser. “La educación es mucho más que aprender algo para tener un trabajo, nos proporciona una visión del mundo. Tenemos que aprender a vivir en un mundo cambiante, y eso significa que hemos de tener una educación más sutil, diferente a la educación que conocemos y hemos conocido en nuestras escuelas”, sostiene.
Borra esa sonrisa de tu cara: no tener cuenta en Facebook no te salva de que tengan tu perfil
Aprendimos varias cosas durante las diez horas que Mark Zuckerberg pasó respondiendo preguntas en el Senado y el Congreso de los Estados Unidos. Pero hay una particularmente indignante: no hace falta ser usuario de Facebook para que Facebook tenga guardado tu perfil. Peor aún: para saber lo que dice de ti, tienes que hacerte usuario de Facebook.
Hasta seiscientas preguntas tuvo que responder Mark Zuckerberg la semana pasada frente a los legisladores del mundo libre. La mayor parte de sus respuestas se pueden resumir en dos: no tengo la respuesta a esa pregunta y los usuarios lo han querido así. El fundador de Facebook repitió una y otra vez que los usuarios eran dueños de sus datos, que ellos mismos elegían compartirlos con quien querían y que tenían herramientas para gestionarlos de la manera que mejor se ajuste a su estándar de privacidad. Esto falta a la verdad de muchas maneras distintas. Las desgranamos, de la más fea a la peor.
La primera, porque la mayor parte de los usuarios no entienden los términos de usuario que firman al entrar. Esto no es una falta de dejadez, incompetencia o desidia. Facebook ha sido denunciado en numerosas ocasiones por tener un contrato farragoso, interminable y premeditadamente ilegible para cualquiera que no sea especialista en derecho digital. Lo que resulta muy conveniente para la rápida expansión de su negocio, que es transformar los datos de millones de personas en perfiles segmentados para industrias como la publicitaria, alimentaria, tecnológica, sanitaria, cosmética o farmacéutica.
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"SEÑOR ZUCKERBERG, ¿QUIERE CONTARNOS EN QUÉ HOTEL DURMIÓ ANOCHE"
Mark Zuckerberg se mantuvo durante toda la comparecencia muy serio, pero sereno, evitando contestar de forma concreta a muchas preguntas de legisladores que le pedían cifras o datos concretos. “Mi equipo le responderá”, decía en muchos casos. Quien más le descolocó fue el senador Dirk Durbin, demócrata por Illinois, quien de repente le preguntó: “Señor Zuckerberg, ¿se sentiría cómodo diciéndonos el nombre del hotel en el que se quedó anoche?”. Tras titubear unos segundos, el fundador de Facebook respondió un “aaah, no”. Durbin continuó: “Si se ha mensajeado con alguien estos días, ¿nos diría sus nombres?”. Y Zuckerberg dijo: “No, senador, probablemente preferiría no hacer público esto aquí”. “Probablemente de esto va lo de hoy, del derecho la privacidad, sus límites, y a cuánto se renuncia en la América moderna en nombre de conectar a la gente por el mundo”, dijo Durbin.
(Ver noticia completa en El País. 11/4/2018)
(Ver noticia completa en El País. 11/4/2018)
En recuerdo de Goorge Boole
¿Quién Fue George Boole?
George Boole (Lincoln, Lincolnshire, Inglaterra, 2 de noviembre de 1815-Ballintemple, County Cork, Irlanda, 8 de diciembre de 1864) fue un matemático y lógico británico. Como inventor del álgebra de Boole, que marca los fundamentos de la aritmética computacional moderna, Boole es considerado como uno de los fundadores del campo de las Ciencias de la Computación. En 1854 publicó An Investigation of the Laws of Thought on Which are Founded the Mathematical Theories of Logic and Probabilities, donde desarrolló un sistema de reglas que le permitían expresar, manipular y simplificar problemas lógicos y filosóficos cuyos argumentos admiten dos estados (verdadero o falso) por procedimientos matemáticos. Se podría decir que es el padre de las operaciones lógicas y que gracias a su álgebra hoy en día es posible operar simbólicamente para realizar operaciones lógicas.
Las palabras hieren
El caso de Mary Beard es paradigmático. Lo seguí hace un año, cuando varios medios, The New Yorker, The Guardian o la BBC se hicieron eco de una conferencia que esta prestigiosa investigadora del mundo clásico, profesora de Cambridge, colaboradora del TLS e infatigable divulgadora de la vida en la Antigua Roma, impartió en el British Museum. Tenía por título Oh Do Shut Up Dear (Venga, cállate, querida) y en ella la autora hacía un prolijo recorrido a través de la historia de cómo los hombres han tratado de callar la voz de las mujeres. De la Odisea a su propia experiencia, porque Mary Beard, una señora de 60 años que lleva casi toda su vida estudiando detalles sorprendentes sobre las sociedades antiguas, se convirtió de pronto en una celebridad televisiva a través de Meet the Romans, un programa divulgativo que le enseñó con sangre cómo nuestra naturaleza no es menos agresiva que la de aquellos viejos imperios que hoy tenemos por más crueles. Su programa provocó un aluvión de críticas insoportable. Lo extraordinario es que esas críticas no se referían al contenido en sí sino a su aspecto físico. Nuestra profesora tiene un aire no diferente al de muchas eruditas entregadas desde su tierna juventud a los asuntos intelectuales: luce una alocada melena blanca, sus dientes son llamativos por su irregularidad, se permite detalles excéntricos en el calzado o las gafas, y, lo que ha resultado más indignante para algunos, muestra un impactante aplomo en su lenguaje corporal. A ella le importa un pimiento no ser bella, pero no así a algunos críticos televisivos que, ignorando las enseñanzas que generosamente pretende difundir, se dedicaron desde el principio a describir la vestimenta poco cool de la sabia dama. Con más crudeza aún se refirió a ella la jauría tuitera, en donde los comentarios sobre su supuesta fealdad abundaron.
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