Un chiste siempre nos sienta tan bien



Una plaga inesperada: Vox, Campofrío y el triunfo de lo políticamente incorrecto

2019 ha arrancado con una gran paradoja: tanto fijarnos en la amenaza de lo políticamente correcto… y resulta que al final lo que triunfa es lo políticamente incorrecto. Jair Bolsonaro, reluciente presidente brasileño de extrema derecha, lo dijo alto y claro el primer día del año en su toma de posesión: prometió “liberar” a Brasil de lo “políticamente correcto”, como si el principal problema del país ya no fuera la desigualdad social, sino no poder contar chistes sobre negros, maricas y feministas por el miedo al que dirán. “Con humildad y honor me dirijo a todos ustedes como presidente de Brasil y me presento ante toda la nación hoy como el día en que el pueblo empezó a liberarse del socialismo, a liberarse de la inversión de valores, del gigantismo estatal y de lo políticamente correcto”, dijo Bolsonaro a las masas, palabras interpretadas así por la analista Eliane Brum en un artículo en ‘El País".

Españoles que estudiaron Filosofía a los que les va maravillosamente bien

El cine ya lo venía avisando con películas como Gattaca (clásico moderno de la ciencia ficción sobre la selección genética) o Yo, Robot (inspirada en las obras de Asimov). Los avances científicos y el desarrollo de la inteligencia artificial traen consigo grandes dilemas morales. Un ejemplo de ello es el que se plantea en la cinta protagonizada por Will Smith, Yo, Robot: un robot decide salvarle la vida a él, un hombre adulto, en vez de a una niña de doce años involucrada en el mismo accidente. ¿Por qué? El robot calcula fríamente cuál de los dos tiene más probabilidades de sobrevivir. La niña, con heridas más graves que las de Smith, solo tiene un 11% de probabilidades de sobrevivir. Smith, por su parte, tiene un 45%. Como el androide carece de inteligencia emocional, se decanta por salvar al sujeto que está menos grave.
"Los humanos somos un 85% de inteligencia emocional, algo que los robots, por el momento, no tienen. Esta carencia provoca que diariamente se planteen dilemas parecidos en el diseño de todo tipo de algoritmos de inteligencia artificial. Probablemente este tipo de planteamientos éticos sean la razón por la que la inteligencia artificial no está plenamente integrada en nuestras vidas", explica a ICON el científico y profesor David Calle (Madrid, 1972).